¿Se puede recibir un masaje estando embarazada?
Sí, con dos condiciones: que lo realice una terapeuta formada específicamente en masaje prenatal y que tu embarazo siga su curso con normalidad. No es un masaje convencional con otra postura: cambia la posición, la presión, las zonas que se trabajan y el ritmo de la sesión.
La parte que no nos corresponde decidir es la tuya y la de tu matrona o ginecólogo. Nosotros adaptamos la sesión; el visto bueno sale de tu consulta, sobre todo si te han indicado reposo, si el embarazo está catalogado como de riesgo o si es múltiple.
Desde qué trimestre
Primer trimestre. Como criterio de la casa no damos masaje prenatal antes de la semana 14, salvo indicación médica expresa. No es que se conozca un daño concreto: es que es el periodo de mayor incertidumbre del embarazo y no tiene sentido añadir una variable, por pequeña que sea, a esas semanas.
Segundo trimestre. Es el momento habitual para empezar. El cuerpo ya ha cambiado lo suficiente como para que la espalda y las caderas lo noten, y todavía hay margen de sobra para estar cómoda en la camilla.
Tercer trimestre. Se sigue pudiendo, y suele ser cuando más se agradece. La sesión se acorta si estás incómoda y se trabaja con más apoyos. Cerca de la fecha probable de parto conviene comentarlo antes con tu matrona.
Por qué no se hace boca abajo ni boca arriba
Boca abajo deja de ser viable por lo evidente, y los agujeros y cojines que prometen resolverlo obligan a la zona lumbar a arquearse justo cuando peor lo lleva. Boca arriba, de forma prolongada y ya avanzado el embarazo, resulta incómodo para muchas mujeres.
Por eso la sesión se hace de lado, con cojines de apoyo entre las rodillas y bajo el abdomen, cambiando de costado a mitad de sesión. No es un apaño: es la posición estándar del masaje prenatal, y suele ser la más cómoda con diferencia.
Qué se trabaja y qué se evita
Se trabaja donde se acumula la carga del embarazo: zona lumbar, caderas, glúteos, piernas, cuello y hombros. La presión es suave y sostenida, nunca profunda, y en ningún momento debería dolerte.
Se evita el trabajo profundo en el abdomen y la presión intensa en tobillos y muñecas. Tampoco se usan aceites esenciales sin más: muchos están desaconsejados en el embarazo, así que la sesión se hace con aceite vegetal neutro salvo que traigas uno que te hayan indicado.
Si en algún momento te mareas, notas molestias o simplemente quieres cambiar de postura, se para. Decirlo no interrumpe nada: forma parte de la sesión.
Cuándo conviene consultar antes
Consúltalo con tu matrona o tu ginecólogo antes de reservar si estás en alguna de estas situaciones. No significa que no se pueda; significa que la decisión no es nuestra:
- Embarazo catalogado como de riesgo, o embarazo múltiple.
- Te han indicado reposo, total o relativo.
- Tensión alta, preeclampsia o diabetes gestacional.
- Sangrado, contracciones antes de tiempo o pérdida de líquido.
- Problemas de coagulación, varices importantes o antecedentes de trombosis.
- Cualquier cosa que tu equipo médico esté siguiendo de cerca.
Y una obviedad que conviene decir igualmente: un masaje no trata ninguna de estas situaciones ni sustituye a un tratamiento. Es una sesión de bienestar.
Después del parto
Lo habitual es esperar a la revisión posparto y retomar con el visto bueno del profesional que te lleva, más o menos a las seis semanas en un parto vaginal sin complicaciones. Con cesárea el plazo suele ser mayor y depende de cómo vaya la cicatriz.
A partir de ahí la sesión ya no necesita ser prenatal: se trabaja lo que se ha cargado en los meses anteriores y en las primeras semanas con el bebé, que casi siempre es cuello, hombros y zona lumbar.
Y si lo que te molesta son las piernas
Es la otra mitad del embarazo: piernas pesadas, tobillos hinchados al final del día y sensación de calor. Eso no lo resuelve el masaje prenatal, que trabaja la carga muscular; lo aborda el drenaje linfático en el embarazo, que es una técnica distinta y mucho más suave.
Cómo funciona si vamos a tu casa
Es la parte que más se agradece en el tercer trimestre: no hay que conducir, ni aparcar, ni volver a vestirse para salir. La terapeuta llega con camilla, cojines de apoyo, sábanas limpias y aceite neutro; tú solo necesitas un espacio tranquilo.
Al reservar dinos de cuántas semanas estás y si tu matrona te ha indicado algo en concreto. Con eso se prepara la sesión antes de llegar, en lugar de improvisar en tu salón.
Esta guía es información general de una empresa de bienestar, no consejo médico. Quien conoce tu embarazo es tu matrona o tu ginecólogo: ante cualquier duda, la respuesta buena es la suya.
Preguntas frecuentes
¿Desde qué semana se puede?
Habitualmente a partir de la semana 14, es decir, el segundo trimestre. Antes solo con indicación médica expresa.
¿Es seguro?
Realizado por una terapeuta formada en masaje prenatal y en un embarazo que sigue su curso con normalidad, sí. Si tu embarazo es de riesgo, múltiple o tienes reposo indicado, consúltalo antes con tu matrona o ginecólogo.
¿En qué postura se hace?
De lado, con cojines de apoyo entre las rodillas y bajo el abdomen, cambiando de costado a mitad de sesión. No se trabaja boca abajo, ni boca arriba de forma prolongada.
¿Se usan aceites esenciales?
No por defecto. Muchos están desaconsejados durante el embarazo, así que se trabaja con aceite vegetal neutro salvo que traigas uno indicado por tu profesional.
¿Cuánto dura la sesión?
El masaje prenatal es de 60 minutos. Si en algún momento estás incómoda, se acorta o se cambia de postura: no hay que aguantar hasta el final.
¿Cuándo puedo retomarlo después del parto?
Tras la revisión posparto y con el visto bueno del profesional que te lleva: orientativamente unas seis semanas en un parto vaginal sin complicaciones, y más con cesárea.
El tratamiento del que habla esta guía
Si ya lo tienes claro, aquí está la sesión concreta: en qué consiste, cuánto dura y qué cuesta.